26 Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que
echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y de
día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28 La tierra por
sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante
en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz,
porque ha llegado el tiempo de la cosecha». 30 También decía: «¿Con qué
podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para
representarlo? 31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la
más pequeña de todas las semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece
y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas
que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra». 33 Y con muchas parábolas
como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían
comprender. 34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos,
en privado, les explicaba todo. 35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo:
«Crucemos a la otra orilla».
(Marcos 4,26-34)
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Y le fue dado un rollo del profeta Isaías, y tras abrir el rollo, encontró el lugar donde había sido escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí... (Lucas 4,17-18a traducido del texto griego Nestlé-Aland). BLOG DEDICADO AL ESTUDIO Y A LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA.
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martes, 16 de junio de 2015
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