Y le fue dado un rollo del profeta Isaías, y tras abrir el rollo, encontró el lugar donde había sido escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí... (Lucas 4,17-18a traducido del texto griego Nestlé-Aland). BLOG DEDICADO AL ESTUDIO Y A LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA.

jueves, 22 de octubre de 2015

Gema bíblica. No sólo de pan vive el hombre - Dt 8,3


"Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor". Dt 8,3



Este fragmento se encuentra en un largo discurso de Moisés que abarca desde el cap.5 hasta el cap.28 el Deuteronomio. Lo matizan desde los asuntos más concretos de la vida en sociedad como el Decálogo hasta maravillosas cumbres de espiritualidad.

Ahora, se concentra en subrayar la importancia de la Palabra de Dios y toma como figura el maná, producto nutritivo de un tamarisco desértico que se desarrolla rápido luego del frío de la noche y se descompone rápido con el calor del día. El maná es elevado por el Pentateuco al nivel de figura teológica llamada a saciar el hambre interior de los israelitas en referencia a la Palabra de Dios.

El profeta Amós también declara: "Vendrán días –oráculo del Señor– en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor". (Am 8,11).

El libro de la Sabiduría, una obra tardía del AT hace un midrash de las tradiciones del maná israelitas, es decir, una predicación que intenta explicar de manera colorida el significado de la figura del maná desde una bella teología alejandrina:  "En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos. Y el sustento que les dabas manifestaba tu dulzura hacia tus hijos, porque, adaptándose al gusto del que lo comía, se transformaba según el deseo de cada uno. La nieve y el hielo resistían al fuego sin derretirse, a fin de que supieran que solamente los frutos de los enemigos eran destruidos por el fuego que ardía en medio del granizo y fulguraba bajo la lluvia; mientras que, por el contrario, ese mismo fuego olvidaba hasta su propio poder, para respetar el alimento de los justo. Porque la creación, que está al servicio de ti, su Creador, se pone en tensión para castigar a los injustos y se distiende para beneficiar a los que confían en ti. Por eso también entonces, transformándose completamente, ella estaba al servicio de tu generosidad, que a todos alimenta, de acuerdo con el deseo de los que te suplicaban. Así los hijos que tú has amado, Señor, debían aprender que no son las diversas clases de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que sostiene a los que creen en ti. Porque lo que el fuego no lograba destruir se derretía al simple calor de un tenue rayo de sol, para que se pusiera bien de manifiesto que hay que anticiparse al sol para darte gracias y encontrarse contigo al despuntar el día". (Sabiduría 16,20-28).

En el Evangelio mateano encontramos a Jesús superando la tentación diabólica en el desierto: Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». (Mt 4,3-4).

En el Evangelio joánico hallamos a Jesús tomando la figura teológica del alimento celestial del que habla Sabiduría y llevándolo a su máximo esplendor: Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo». Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. (Jn 6,32-35).

Luego del escándalo en los judíos y la crisis de los discípulos en ese capítulo 6, Pedro el "primer Papa", comprendiendo lo que Jesús decía, declara: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna". (Jn 6,68)  



Prof. Mauricio Shara

1 comentario:

  1. Anónimo10/25/2015

    El secreto consiste en aprender a vivir de su Palabra, a fin de hacer su voluntad y alimentarse del Pan de Vida...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    ETELVINA

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